
Autora: Elena Casanova Dengra
Cada vez que cruzo la puerta de esta biblioteca lo primero que veo es la cara amable de Irene. Un saludo y, de regalo, un gesto de bienvenida, siempre… Acto seguido y de manera automática, miro hacia el despacho para buscar a Inma. Cuando está ahí, sentada en su mesa, entro con cierto sigilo y pregunto si puedo entrar. Con una enorme sonrisa se levanta del sillón para saludarme por muy ocupada que esté.
Cada vez que he cruzado la puerta de esta biblioteca me he sentido en casa, me he topado con enormes profesionales como Inma, como Irene, que han hecho de este lugar un espacio agradable, acogedor, familiar… y ya no están.
De Inma, ¡qué voy a decir!, aparte de ser una muy buena amiga, un obsequio que me ha regalado el tiempo, las confidencias y los gustos comunes, la considero una persona con un bagaje profesional envidiable. En las presentaciones de libros, nadie como ella para enganchar a futuros lectores; en los talleres de escritura ha sabido con inteligencia y enorme cariño cohesionar a un grupo muy diverso; en la Tertulia, con mayúsculas, como moderadora ha gestionado de manera impecable la actividad. Y me consta que todo lo que se ha propuesto lo ha realizado con el mejor de los criterios. ¡Cuánto ha perdido la biblioteca de la Chana y cuánto ha ganado la del Salón!
Inma, tengo el billete de avión comprado y nos volveremos a ver muy pronto. Mientras tanto, te deseo lo mejor.
Para el Día Internacional de la Mujer, solo pido una cosa: muchas como Inma que va al fondo y no se queda en la superficie.















