Diario de una cochinilla

Autora: Pilar Sanjuán Nájera

DSC_0002 (2)Es posible que no sepáis nada de mí. Antes de mostrar este diario os diré que soy un parásito que forma plagas y que atacamos sobre todo a los cítricos, o sea, a los limoneros, naranjos y mandarinos. Nos gusta mucho chupar su savia. Entre los humanos no tenemos buena prensa, porque hacemos que las hojas sufran malformaciones y se pongan amarillas, que la planta crezca menos y que el fruto disminuya. Daños colaterales, digo yo. Todos tenemos derecho a vivir, ¿por qué, si no, nos ha creado la Madre Naturaleza? Las cochinillas somos muy solidarias con pulgones, hongos, hormigas, moscas blancas, etc. Les ayudamos a vivir. Esto tampoco lo entienden los humanos y nos combaten con verdadera saña, ¡qué cerriles!

Para explicaros cómo es mi día a día, he escrito una especie de diario. Lo comencé en abril:

4 de abril de 2017: Este año, la primavera está por demás cambiante: a días calurosos como los de verano, suceden días muy frescos. Estoy instalada, desde hace dos años, en el huequecito que forma un repliegue de la corteza de un mandarino, que aunque está en una maceta – grande desde luego – ha alcanzado una envergadura de metro y medio. Me conviene que siga creciendo y echando brotes, porque así nos camuflamos mejor; para que se note menos nuestra presencia, procuramos no dañarlo demasiado, así que frenamos las ansias de chupar la savia (que, por cierto… ¡qué rica está!) Gracias a este refugio, he podido pasar dos inviernos resguardada del frío, de la lluvia y del viento, y en verano del sol, que nos sienta muy mal. También he aguantado impertérrita algo peor: las ráfagas mortíferas que la dueña de esta terraza nos ha enviado varias veces. Esta señora, vieja, gorda, renqueante y malencarada, nos obsequia de vez en cuando con este regalo envenenado: un producto letal que atenta contra nuestra integridad física; ha causado una verdadera mortandad entre mis compañeras, pero yo me he librado hasta ahora. Este año he notado que la señora sale menos a la terraza; cuando lo hace, apoya sus andares vacilantes en un bastón; no deja de escudriñar entre las plantas, así que sigue siendo un peligro.

5 de abril. Por esta terraza pasan de vez en cuando amigas de la dueña. Cuando vemos que la barre (en general está bastante descuidada) intuimos que habrá visita. Suele venir una tal Rafi, que se la ve muy afectuosa y parece que es la que le regaló el mandarino. A veces trae macetas que yo llamo promiscuas, pues sean grandes o pequeñas, siempre tienen varias plantas en la misma maceta: trébol, geranios, lirios, acanto, cactus… Desde mi atalaya veo las luchas sordas entre ellas para sobrevivir; algunas dejan la vida en esas lides; otras aguantan como pueden. Hay un geranio con las flores color malva, que ha triunfado siempre y se ha hecho dueño de una maceta, en pugna con un lirio que resiste el cuerpo a cuerpo. El geranio ha crecido desmesuradamente. Me cae mal porque sus tallos se han hecho muy leñosos y mis amigas las maripositas taladradoras no pueden hincarle el diente. El lirio, este año, ha tenido la osadía de florecer. La señora se sentó frente a él con un bloc y empezó a hacer en él como signos. Llena de curiosidad, di una volada y vi que estaba trasladando el lirio al papel, con todo su colorido. Caprichos de una persona extravagante.

6 de abril: Esta tarde ha pasado por aquí otra de las amigas de la señora. Es joven, sonriente, guapa y con unos labios muy rojos. Se llama Elena. Siempre que viene, como hace también Rafi, se asoma a la terraza. El año pasado recuerdo que se llevó varios tallitos de geranio, pero este año no muestra interés por esa planta. La señora le ofreció un té y Elena le dio unos libros. También a Rafi le suele poner té, sobre todo cuando aparece con unos roscos que hace y que a la señora le gustan a perder, pero reniega porque engordan. A través de los cristales veo el azúcar que los recubre y se me hace la boca agua.

7 de abril: Hoy ha tocado una amiga nueva. Parece bastante amable. Se llama Mari Carmen y se ha llevado un montón  de escritos de la dueña de la casa. Se los va a encuadernar. No entiendo en qué consiste eso. Los ha mirado detenidamente y los ha colocado con una meticulosidad que da a entender lo perfeccionista que es. No ha querido té. Al rato de irse ha llegado otra amiga, también nueva para mí. Es juvenil, pizpireta, delgada y con estilo. Parece que se llama Rosa y le gusta escribir. La señora la ha animado a formar parte del grupo que hace relatos. Todas estas amigas de la señora parecen personas bondadosas, educadas y encantadoras, ¿cómo es posible que tengan amistad con una mujer tan sádica, tan pérfida y tan desalmada?

8 de abril:Por los indicios, he deducido que la señora se va 20 días fuera esta tarde, ¡qué alivio! Esta mañana ha aprovechado para buscar entre las plantas “habitantes” indeseables, como ella los llama: saltamontes, pulgones, caracolitas alargadas, hormigas, cochinillas. Tiemblo cuando noto en su actitud ese afán depredador, cuando veo en su mirada ese odio llameante que presagia una catástrofe para nosotros.

Comenzó buscando caracolas. Se refugian en las macetas, bajo las plantas, buscando el frescor y la humedad. La “caza” ha dado positivo y echó al suelo un montón, que luego pisó sin piedad. Desde mi refugio observé las vísceras retorciéndose y me dieron ganas de llorar. También pisoteó varios saltamontes que encontró desprevenidos. Al mandarino le hizo una revisión superficial, porque el genocidio de caracolas la ha dejado exhausta. Por la tarde… ¡se ha ido, menos mal!

9 de abril: Me he apresurado a mandar un mensaje telepático a mis compañeras de allende los mares, para que vengan a tomar posesión de este mandarino. Ha echado brotes nuevos y hay sitio para todas. No debemos ser egoístas.

11 de abril: Han llegado cientos y se han instalado con comodidad. Se han puesto ciegas de chupar savia. Las he dejado saciarse porque traían hambre atrasada. Ya las pondré al tanto de las restricciones en el chupado. El resto del día lo han pasado durmiendo. La travesía del Estrecho y sobre todo del Parque de Doñana, ha sido dramática. Las que estaban extenuadas se han posado en las hierbas de la marisma e inmediatamente han sido devoradas por las aves hambrientas.

12 de abril: Hoy toca que un compañero venga a fecundarme. La última vez lo noté un poco frío, así que he preparado un lugar confortable, para que esté contento. Tengo verdadera ilusión por este “vis a vis”. Somos muchas hembras y él elige a las más vistosas. Me he maquillado y he ahuecado mi parte algodonosa para que se encuentre blandito y cómodo en el momento álgido, ¡qué emoción!

13 de abril: ¡Ha pasado de mí! ¡Me ha humillado eligiendo a otra cochinilla más joven! ¡El muy estúpido, el muy majadero, el muy creído! Estoy terriblemente deprimida, ¡qué asco de machismo! Yo creo que aún estoy de buen ver. Procuraré atraer a otro, aunque no sea un macho “alfa”.

14 de abril: Una macetita con preciosos tulipanes que a la señora le entusiasmaba, ha perdido sus flores. Por lo visto se la envió Patro, otra amiga que tiene una casa con jardín. Me alegro del berrinche que se va a llevar cuando regrese. Me dan ganas de abrirles los ojos a estas amigas, Patro, Rafi, Elena, Rosa y Mari Carmen para que no se dejen engañar. Hipócritamente, la señora se hace de mieles con ellas, pero con nosotros no tiene entrañas, o sea, que carece de sensibilidad.

15 de abril: La temperatura sube y pronto superará los 20 º. Avisaré a las maripositas taladradoras de los geranios para que se preparen.

16 de abril. La voracidad de mis compañeras del Sur nos está poniendo en peligro. Son insaciables. El mandarino amarillea y la señora se va a dar cuenta. No puedo con ellas. Cría cuervos…

28 de abril: He pasado varios días sin nada importante que reseñar. Hoy se acaba lo bueno.

Ha llegado la señora con un hijo, una nuera y un nieto muy espigado de 14 años. Han salido todos a la terraza y mi corazón se ha llenado de zozobra. Han piropeado al geranio de color malva y después han entrado en el salón.

Mientras la señora preparaba algo de merienda, el nieto, al que llaman Arturo, se ha sentado en plan mimoso junto a su madre en el sofá, con los ojos entrecerrados, mirando sin mirar, pensando sin pensar y soñando sin soñar… ¡Ay, estos adolescentes humanos! Otro nieto que viene con frecuencia y que se llama Julio, se suele sentar despechugado en la terraza a tomar el sol; es mayor que Arturo y tiene barbita. También entrecierra los ojos y dice:

– Abuela, ¡qué bien se está aquí!

Después de la merienda, los viajeros siguieron hacia Úbeda, donde viven.

29 de abril: Mis temores se confirman. La señora ha salido bien temprano a la terraza con las intenciones más siniestras y sin bastón, o sea, que trae energías renovadas. Después de mirar atentamente al mandarino, ha entrado en el salón para coger el pulverizador asesino, ¿qué va a ser de nosotras? ¿Podré seguir con el diario?

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Las mariposas taladradoras han intentado conectar con la cochinilla, pero ha sido en vano. Se temen lo peor, ¿cómo sabrán ahora la temperatura de esa terraza y su situación? ¡Qué desastre! ¡Qué mala suerte!

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