En un pueblo andaluz


Autor: Antonio Cobos Ruz

A mis amigas Rafi y Patro

Dos abuelos se pasean por un camino recién arreglado por el ayuntamiento, en el que han sembrado margaritas que se esconden avergonzadas, y alargan sus cuellos entre las hojas, abriendo sus ojos de par en par, para observar a los escasos viandantes  con sorpresa.

-Yo no quiero morirme muy tarde, porque si te quedas de los últimos… no va nadie a tu entierro.

-¡Joder! ¡Que tonterías dices! Pues a mí no me importaría deciros adiós a ‘tós’. Pasaré el mal rato y me apañaré como pueda.

-Eso lo dices de boquilla… ¡Me cago en diez! ¡Qué pronto se ha ido Juan!

-¡Sí que se ha ido ligero! ¡Con noventa años! ¡En la flor de… la vejez!

-¡Era un cachondo! ¿Te acuerdas de aquella vez, cuando éramos muchachos y nos quedamos tomando cervezas con el bar cerrado y llegó la guardia civil…?

 Los dos ancianos regresaban de darle la despedida a un amigo común en el cementerio municipal, situado apenas a medio kilómetro de las últimas casas del pueblo. Era un camino que habían recorrido cientos de veces desde que eran chiquillos y, como en todas las ocasiones anteriores, rememoraban la fecha del uno o del dos de noviembre cuando acudían a ver el ambiente del día de los muertos, siguiendo la tradición popular y persiguiendo a la pandilla de las niñas, con los bolsillos del abrigo llenos de castañas calientes y paseando su recién estrenada ropa para la temporada de invierno. Iban ambos recordando anécdotas del pasado y haciendo recuento de los que ya habían emprendido su último viaje, cuando alcanzaron las primeras viviendas de la población. En el bar de las Cuatro Esquinas, un amigo común de los dos ancianos, se dirigió a uno de ellos.

– ¡Eh, tú, ‘aviaor’!, que ha ‘pasao’ tu mujer y ha dicho que hoy no te quedes en el bar, que te toca aviar la ‘comía’.

El aludido, se quedó callado unos segundos, esperando encontrar las palabras adecuadas para contestar a su condenado amigo, que aprovechaba la mínima ocasión para gastarle una broma a quién se le pusiera por delante.

– Oye -reaccionó-, me han ‘dao’ recuerdos ‘pa’ ti en el sitio del que vengo, y me han dicho que te están haciendo un ‘lao’, pues alguien que sabe de eso les ha dicho que no te falta mucho. Cuentan que se está muy bien allí, ‘tumbao’ ‘to’ el día.  Digo yo, que eso no tendrá relación con que el ‘aviaor’ se va a subir al bombardero y te va cubrir de bombas, y si no quedan bombas, con piedras, que te voy a enterrar a ‘pedrás’.

– ¡Uy, que miedo! ¿A ver, a ver? –y poniendo el oído para adentro del bar y simulando que escuchaba a alguien, añade- Oye,  perdona, que ha ‘sio’ una confusión, que era la mujer de otro.

Una señora, conocida de todos, que pasa por la esquina y escucha la conversación, y que no suele tener pelos en la lengua, interviene:

-Menuda ‘partía’ de flojos. Sois ‘tos’ unos machistas. Teníais que haber ‘nacío’ ahora y haber ‘dao’ con las mujeres de hoy día, que ibais ‘tos’ a estar preparando el puchero. Tenía yo que haber ‘venío’ al mundo en estos tiempos.

– Es verdad, doña Tránsito –dijo el más graciosillo de todos- que desde que vino usted al mundo en el siglo ‘pasao’ hasta ahora, ya han ‘transcurrío’ unos añitos, que más que de tránsito parece que vino usted ‘pa’ quedarse ‘pa’ siempre.

– ¡Pues tengo menos años que tú! –dijo la sin pelos en la lengua, algo picada- que ya lo único que tienes duro entre las manos es la gancha en la que te apoyas.

– ¡Bueno, bueno! –intercedió un tercero- ¡Qué tenga buenos días doña Tránsito! Y no se demore usted que se le van a pegar las lentejas.

– ¡Me voy si quiero, que la calle es libre! Pero no te preocupes que ya no pierdo más el tiempo con vosotros, que entre ‘tos’ no tenéis lo que debíais tener para meteros con una mujer algo madura pero con dos ovarios como dos camiones.

 Los hombres optaron por callarse y la mujer siguió despacio su camino con su cesto en el brazo y balanceándose de un lado a otro a causa del maldito dolor de las rodillas.

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2 pensamientos en “En un pueblo andaluz

  1. Antonio, que relato más simpático. Tienes arte para crear relatos de humor. A ver si le haces caso a Mariángeles y la próxima novela nos hace reír un poco. Te admiro. Y te quiero.

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  2. Antonio, que relato más simpático. Tienes arte para crear relatos de humor. A ver si le haces caso a Mariángeles y la próxima novela nos hace reír un poco. Te admiro. Y te quiero.

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