Desnuda te espero

Dibujo de Gustav Klimt

 

Autora: Paqui López Sanz

Desnuda, recordaba como las manos  de su amado recorrían sus largas piernas en las tardes en las que el deseo era desayuno comida y cena en sus vidas.

No podía dejar de estremecerse al recordar el contacto tibio de su piel rozándola. Ahogada volvió la vista atrás, cuando se sentía feliz y su cuerpo era como campanilla dispuesta siempre a producir música.

Ese cuerpo pequeño e insignificante antes y después de él, se llenaba y rebosaba de delirio cuando sus ojos se posaban en sus caderas y la recorrían con la fuerza de un tren que atraviesa la estepa.

Su boca plena de jugos de vida, de almibares de tiempo y caricias, se veía ahora hueca, rememorando divagante y complacida el discurrir de los días sin él.

Los recuerdos la lastiman y la estremecen, sus manos abarcan territorios inexpugnables, la respiración se detiene, jadea,  el calor se agolpa en su  garganta y sube a las mejillas, entorna los ojos, tiene prisa por culminar sus ansias, el orgasmo la catapulta hasta ese lugar del que no quiere volver,  y no puede evitar alzar la voz y poner el grito en el cielo.

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